sábado 17 de octubre de 2009

Hasta luego

Ochenta y ocho entradas y parece que llegó el momento de aburrir y aburrirse. En esos casos lo mejor es irse silbando bajito. Iba a hacer un resumen de todo lo que vino y se fue en este tiempo, pero después de pensarlo diez segundos decidí que nada valía la pena ser mencionado, así que sólo me queda desear suerte a quien la necesite y dar las gracias y un beso a todos los que se pasaron por aquí.

lunes 12 de octubre de 2009

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Después de la quinta cerveza sentí que ya no me consolaba ser el mejor de los dos. Antes de la sexta te pedí que te fueras por si acaso te dabas cuenta de que quizás eso no era cierto.

miércoles 7 de octubre de 2009

De dolores

Uno empieza a hacerse viejo en el momento en que un nuevo dolor no sustituye a uno antiguo, sino que se suma a él.

Generalmente no me duele nada. No sé lo que es un pinzamiento en la espalda ni una migraña. Jamás me he roto un hueso ni he tenido que pasar por quirófano. Hará como una semana me fui fastidiar el tendón de Aquiles, que ya tiene huevos fastidiarme justamente una parte mitológica del cuerpo. Juzgué que era una molestia soportable y seguí con la rutina de ejercicio físico. Pocos días después, gracias de nuevo al saludable deporte, me agarré el peor ataque de agujetas que nunca pude imaginar. Al andar me rabiaba la zona del tendón, al intentar sentarme todos los músculos implicados en el movimiento me hacían saber que estaban ahí a través de insoportables pinchazos. Cada vez que me movía no lograba reprimir un gemido o un término malsonante. El pie, los muslos, los glúteos y vuelta a empezar. Todo un ciclo de dolores diferentes, sin descanso. El cabreo desaparecía según pasaban las horas y se transformaba en algo mucho más parecido a la tristeza.

Por supuesto que ya estoy bien, pero sigo asustada. Es mi primera experiencia de "polidolor" físico y lo pasé mal. De un tiempo a esta parte noto que otro tipo de padecimientos también se pueden sentir conjuntamente. Ya una ausencia no viene a sustituir a una anterior y se acumula a la primera.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Jugar

Yo nunca había conocido a un verdadero jugador y me dijeron que aquel hombre que desayunaba en la mesa de la esquina cada día, cada noche perdía lo que no tenía en partidas de póker. Esta mañana cuando llegó ya estaba ocupada su mesa y se sentó a mi lado en la barra a degustar su cortado diario.


Soy bastante despistada y siempre termino metiendo en el bolso mecheros gastados. Después de seis intentos para encenderme el cigarro, el tipo, sonriéndome, me ofreció fuego y me dijo: "Fumar es malo". A lo que yo le respondí que jugar también lo era. Sin asimilar todavía la bordería que había salido de mi boca agaché la cabeza y escuché como aquel señor empezó a reír de manera bastante escandalosa. Después le dio un sorbo a su café y ya con el gesto serio me contestó que lo verdaderamente pernicioso no era jugar sino perder. Según mi inesperado compañero de desayuno, uno se enganchaba al juego perdiendo. Me explicó que retirarse cuando se gana es muy fácil, sólo hay que levantarse de la mesa y recoger las ganancias. En su opinión nadie era lo suficientemente valiente como para coger la chaqueta y dejar las cartas en la mesa cuando se va perdiendo. A todo esto, a mí ni se me ocurrió volver a abrir la boca ya que, como dice una amiga mía, cada vez que hablo sube el pan. Pensé que había dado por terminada la conversación cuando, sin levantar los ojos de su taza, volvió a la carga con la siguiente sentencia: "Hay dos tipos de jugadores: los que ganaron alguna vez y siguen apostando con la esperanza de conseguirlo de nuevo y los que nunca ganaron y no se resignan a pasar por esta vida sin saber lo que es tener una buena mano". No me aclaró a cuál de ellos pertenecía el, ni yo, en un ataque de prudencia, me atreví a preguntárselo.

Pagué su café y el mío y salí a la calle sin apenas despedirme, un poco por vergüenza y un poco por sentirme derrotada después de su exposición. Seguimos jugando supersticiosamente después de cada derrota esperando el momento enel mundo se equilibre y nos devuelva lo que perdimos. Lamentablemente cada partida es independiente. Una vez que se han barajado las cartas la cuenta empieza de cero.

sábado 26 de septiembre de 2009

De principios




Un comienzo siempre parte de un final de otra cosa pero un final no siempre es el preludio de un nuevo principio. Por ahí estoy frente a algo nuevo o simplemente dejo de lado algo para aventurarme en estepas vacías y secas.

La canción que he agregado a la entrada la elegí porque su autor la usa de despedida en los conciertos y porque justo una de esas veces provocó un doble principio para mí aunque la oyera otro.

Siento si me pongo cansina con las vueltas que le estoy dando a finales y principios.

lunes 14 de septiembre de 2009

Bluebird


A menudo queremos pensar que está ahí dentro de nosotros o del otro. ¡Vaya usted a saber!

miércoles 9 de septiembre de 2009

Puños fuera

Debe ser que algún dirigente de la derecha española tuvo estos días un ataque nostálgico y le dio por ver la reposición de Mazinger Z porque últimamente las gentes del P.P. andan repitiendo la frase del famoso robot a diestro y siniestro. Todavía no se les ha pasado la manía persecutoria y ya la han pillado meona con otra cosa. A ver, corazones, que yo tampoco tengo alternativas para levantar esto que se llama situación económica y aún así no ando buscando gigantes ni en molinos ni cuando contesto una llamada ni cuando veo un puño en alto. Venga va, si ustedes creen que con un sueldo de 800 euros, que es menos de lo que cuesta mensualmente la hipoteca de un piso proletario, debemos llamarnos clase media "pos vale", pero es que ahora quieren que andemos con las manos en los bolsillos. Aceptemos que el gesto es antiguo, siendo este un argumento algo contradictorio teniendo en cuenta su ideología. Ahora, de ahí a que me digan que si levanto el puño harta de hacer entrevistas de trabajo y de no llegar a fin de mes me convierto en algo parecido a un fascista... Aparte, que seguro que alguno de los antiguos integrantes de su partido se revolverá en su tumba pensando en un decente fascista con el puño en alto, y quien dice tumba puede decir también escaño.

La semana pasada me compré uno de estos gatitos chinos de la suerte. Me hacen gracia esas horteradas y, aunque es feo como el demonio, lo coloqué en un sitio de honor en la estantería. Yo que soy de esa gente que tiene la desgracia de que cuando habla sube el pan, imaginaos las consecuencias cuando se me ocurre llevar a cabo alguna inocente acción. Resulta que mi gatito es un comunista trasnochado con su garrita levantada. Cualquiera le explica a esos señores que sólo es un muñeco feísimo que se supone que atrae la buena suerte. Tengo miedo de que un día aparezca un comando buscando una conspiración judeo-masónica-roja y secuestren a mi dorado amigo, argumentando encima que es un elemento exportado por el partido comunista chino para infiltrar sus ideas en el mundo capitalista. Esta noche no duermo. Ya estoy acostumbrada a ser un elemento políticamente incorrecto pero me niego que declaren enemigo del sistema a mi felino de la patita inquieta.

lunes 31 de agosto de 2009

Y punto


Don Julián, maestro de primaria, me enseñó que uno no puede relajarse en el momento de terminar una historia pues corre el riesgo de estropearla. Había un concurso de redacción de esas con límite de palabras. Yo, que sabéis que me suelo enrollar bastante, rebasé dicho límite cuando todavía no tenía clara la conclusión del cuento. Tenía que concluir en una línea y desenredar en esa corta extensión cada una de las tramas. No se me ocurrió otra cosa que llevar la historia al terreno onírico y acabarla con un simple: "se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño". Mi bigotudo profesor vino a entregarmela con cara de querer matarme. Se me acerco mucho y me dijo que era un final mediocre y que se notaba que no había sabido resolverla. Le contesté que era la única opción que había para que tuviera un final medio coherente y que no podía soportar que quedaran cabos sueltos en los finales. Me volvió a repetir: "has estropeado toda la historia" y se fue sin decir nada más.

Con el tiempo aprendes que muchas frases terminan con puntos suspensivos y que la mayoría de asuntos se diluyen sin poder discernir la mayoría de las veces el momento exacto en que dejaron de existir. Me molesta profundamente eso de la disolución, igual que me revientan las canciones que llegan al final con una repetición del estribillo cada vez con un volumen más bajo. Estoy de acuerdo con mi ex-maestro en eso. Un final flojo destroza cualquier cuento, por más brillante que sea su argumento. Al contrario que él, prefiero un punto claro y mediocre que dejar frases sin terminar. No siempre es fácil trazar ese punto final, sobre todo cuando el otro se encuentra más cómodo repitiendo la misma frase hasta que carece de sentido aunque tenga el mismo interés que uno en sacarse de encima la historia.

lunes 24 de agosto de 2009

El fúrbol es asín

El del fútbol es un mundo lleno de tópicos y lugares comunes. Saturado de Ronaldos (Cristianos o no) Etoos y otros ases de la vida "choni" y "reggaetonera". Vamos, que la mayor parte del tiempo es bastante aburrido. De vez en cuando aparece gente que hace que vuelvas a mirar la tele cuando hay partido. Por poner sólo un par de ejemplos se me vienen a la cabeza Redondo y Guardiola, que además jugaban en la misma posición distribuyendo el juego con bastante elegancia. Como todo el mundo sabe el catalán es el brillante actual entrenador del Barça. El otro día en una rueda de prensa le preguntaron si pretendía volver a ganar Liga, Copa y Champions este año. Respondió lo de siempre, que era terriblemente complicado y que ojalá. A punto estaba de cambiar de canal cuando escuché que decía lo siguiente: "La estrategia es la misma, pensar siempre en el próximo partido" Sencillo, típico y acertado al mismo tiempo.


Me recordó la época escolar, cuando la vida se distribuía en semanas y por no pensar más allá ni nos agobiaban los exámenes finales. Siendo adultos nos buscamos mil exámenes finales que aprobar o ligas que ganar. Nos creemos más importantes pensando que estamos aquí con un objetivo, con un trofeo que ganar. El resultado que conseguimos normalmente es que las semanas, los meses y los años pasen volando y los calculamos según la distancia que nos separa del objeto de deseo. ¿Qué hicimos durante todo ese tiempo? Ni idea o posiblemente nada que nos haya hecho estar más contentos. Todo esto es para justificar por qué no me pareció tan banal la conocida filosofía del próximo partido. No todos podemos fichar a un crack ni tener de nuestra parte a los árbitros ni siquiera jugar en primera. Como somos infantiles, cada uno de nosotros sueña con ganar la Champions, cosa que nos evade de ver que tenemos enfrente cada semana un equipo mediocre y que, para colmo, la mayoría de las veces no estamos a su altura.

A estas alturas del año aquí estamos en pretemporada. Torneos de verano, partidos amistosos y poca cosa más. Sé que el comienzo del campeonato está a la vuelta de la esquina, pero también sé que si te olvidas de que estás aquí para jugar, estás jodido. Mañana igual toca jugar en cesped artificial contra un equipo de pueblo. No voy a decir que no importa el rival porque sería mentira, aunque tampoco voy a negar que estamos aquí para jugar el próximo partido y poco más.

miércoles 19 de agosto de 2009

Las vacaciones de Manuel


Posiblemente no os acordéis de mi amigo Manuel. Era aquel chico que cuando tenía que elegir se quedaba más inquieto por lo que no había escogido que contento por tener aquello por lo que había optado. Después de la rebelión de su padre y la emancipación de su madre pensó que lo mejor que podía hacer era olvidarse de sus coqueteos con chicas orientales y centrarse en su novia que, al fin y al cabo, era quien le soportaba pacientemente cada día y le daba tranquilidad cuando la precisaba e intensidad cuando el cuerpo le pedía fiesta. Hace unos meses que Manu es un novio ejemplar. Un día me lo encontré cuando bajaba del autobús y me propuso sentarnos en una terracita con una cerveza fría para ponernos al día de nuestros avances o retrocesos vitales. Me puso al corriente de su renovada pasión por su pareja y nos reímos bastante de historias pasadas. Estaba sorprendida de verle centrado y feliz al mismo tiempo, ya que en su caso nunca estos adjetivos suelen coincidir en una misma frase.

Hoy he recibido una llamada suya. Oficialmente me llamaba para felicitarme por mi santo. Ahí ya me he puesto en alerta porque a mí nadie me felicita este día, más que nada porque mi onomástica no es un día señalado y además está demasiado próximo a mi cumpleaños. Así que le agradecido amablemente que se acordara y después directamente le he preguntado qué le pasaba. Normalmente no se llama a los amigos cuando uno está con su pareja en plenas vacaciones románticas. Como es habitual en estos casos en que te preguntan de manera poco sutil, me ha contestado: "Nada". Los "nada" como respuesta suelen acarrear una larga conversación, de modo que he ido a servirme algo de beber, he encendido un cigarro, me he sentado y le he dicho que ya podía ir soltando lo que fuera.

Para no extenderme mucho iré al grano. El tío estaba absolutamente confuso. Sonia, su chica, se había vuelto distante, un tanto fría quizás. Dicen que donde hay confianza da asco y, para hacer trabajar al refrán, sin andarme con rodeos le he preguntado si estaba así porque lo tenía en dique seco, bah, honestamente la frase ha sido: "¿Qué pasa? ¿La niña te tiene sin mojar?" En ese momento va y se me pone a llorar. Entre sorbida de mocos y suspiro le he podido entender que no era eso y que, en realidad, si pensaba en lo que es justo, se lo merecía. El siempre ha sido peculiar en su relación, por no decir un cabrón redomado y ahora, estando en el otro lado se sentía por un lado un desgraciado y por otro, a lo mejor porque recibió una educación católica, tenía la sensación de estar soportando el castigo por su comportamiento anterior. Me saca de quicio esa actitud de resignación cristiana. Por supuesto que es justo que reciba su merecido por las veces que ha hecho que ella se sintiera despreciada, pero como no creo en purgatorios ni en penitencias que llevan al cielo, le he pedido que haga ya mismo las maletas y mañana me lo saco de fiesta y, con suerte él se lleva a casa una oriental mona para pasar la noche y yo algún tío que no sea medio gilipollas.

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